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Calabozos y geeks

Suburra: el lado oscuro de Roma

Luis Addams

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La serie de Netflix falta por estrenar su tercera y última temporada

Suburra: Blood on Rome ha sido uno de los más agradables descubrimientos que he tenido ultimamente en la vasta oferta de Netflix y por eso quiero compartirlo. “En 2008, la lucha por los terrenos de un pueblo costero cercano a Roma se convierte en una batalla mortal entre el crimen organizado, políticos corruptos y El Vaticano” describe su sinopsis. Se trata de un relato en donde los protagonistas no son héroes, nos enfrentamos a dos herederos de mafia y al hijo de un policía que juega fuera de la ley. Aureliano, Spadino y Lele son tres jóvenes adultos que lidian con el peso de sus familias, envueltos en la vida criminal de Roma, con sus propios problemas a enfrentar quienes se convierten en amigos tras los hechos del primer episodio. Es una historia dramática de corrupción donde sucede eso que es tan especial como peligroso: hacer al espectador empatizar con personajes, que no son en absoluto modelos a seguir. Es siempre curioso, interesante y quizá un poco catártico para la imaginación, envolvernos en historias densas y oscuras desde la comodidad del sillón. 

Entre los tres amigos destaca Spadino, un sinti o gitano que oculta su orientación homosexual debido a la mala fortuna que presenta aún en estos días para esa cultura. Eso nos entrega momentos intensos aunque su potencial dramático no es tan explorado.

 Aureliano es un hijo de la mafia que al comienzo parece un mocoso malcriado y al paso de las dos temporadas (de tres planeadas) ha evolucionado. Es poco expresivo porque el machismo es su máscara, al comienzo no reacciona bien ante Spadino por ejemplo, pero el actor al paso de los episodios se expresa con los ojos como el espejo y reflejo de su ser en una actuación que aplaudo. Lele también está entre la espada y la pared, entre la amistad y la justicia, entre el crimen y la familia. Su conflicto interno es el más evidente a la vista. Es un trío de amigos poco convencional pero que se queda grabado en el corazón. 

Otro detalle es que, como se esperaría en la corrupción de Suburra, esta área de la ciudad de Roma, la iglesia y los sacerdotes también están involucrados, evidenciando su humanidad y vulnerabilidad que por estos lares a veces se difumina cuando la gente los trata extrañamente como seres divinos. Otro asunto en la serie es que, tratándose de criminales, nunca puedes confiar en nadie, y en la trama, tampoco puedes hacerlo. Hay momentos genuinamente impredecibles que se agradecen. La única molestia en la narrativa es que la segunda temporada se muestra paralela en algunos aspectos, pero es tan inmersiva que terminé por importar poco. Una grata sorpresa en actuaciones, guion y propuesta visual para recomendar

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