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Clásicos instantáneos

Lucinda y Steve

Enrique Blanc

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La revista The New Yorker invitó a realizar una sesión musical a dos de las figuras más encumbradas —no tanto por su popularidad, sí por su credibilidad artística, advierto— de ese cruce de caminos entre el rock, el folk y la música country, en un estudio de Nashville. En plena cuarentena por la pandemia, aparecieron Lucinda Williams al lado de Steve Earle para charlar entre ellos, entonar algunas de sus canciones y, sobre todo, hablar de sus discos más recientes, ambos editados en 2020: Good Souls Better Angeles de ella y Ghosts of West Virginia de él.

Entre las frases contundentes que estos dos soltaron, brilla ésa en la que Earle se afirma, incluyéndola a ella desde luego, como: compositores de canciones post Bob Dylan. “Hacemos canciones que intentan ser literatura”.

Amigos y colegas de años a la fecha, cuando la periodista (Amanda Petrusich) los interroga sobre la fecha en que se conocieron, Earle matiza: “Todo depende si se lo preguntas a ella o me lo preguntas a mí…”. Sea como sea, hay que decir que ambos coincidieron en la ciudad antes mencionada del este estadounidense en 1998, cuando él accedió a la invitación de participar en la grabación de Car Wheels On A Gravel Road, el tremendo álbum de ella. En aquella sesiones hoy míticas, co-producidas en parte por Roy Bittan, el pianista de la célebre E Street Band de Bruce Springsteen, Earle colaboró en 6 de las 13 canciones que incluye el álbum, destacando su participación en “Joy” donde se encarga de esa vibrante guitarra con resonador. Hace no mucho, Car Wheels On A Gravel Road volvió a ser traído al presente y de su grandeza se dijeron muchas cosas —entre otras las que escribiera Waxahatchee, la joven cantante de rock y que también publicara The New Yorker— conmemorando 20 años de su aparición.

De cierto modo, Good Souls Better Angels el disco más reciente de Lucinda Williams, retiene mucho del aire visceral, poético y ruidoso de Car Wheels On A Gravel Road, pese a que entre ambos haya 8 discos de distancia. Sin duda Good Souls Better Angels es el disco más orientado al rock que ha hecho la nacida en Lake Charles, Louisiana. El álbum abre con una recalcitrante declaración de principios femenina: “You Can’t Rule Me”. Enseguida, como si ella vislumbrara lo que vendría para el mundo a continuación, está “Bad News Blues”, una canción cuyo detonante parece avizorar los raros días por los que transitamos. Sobre ésta, o mejor dicho sobre su obra en general, ella reconoce en la sesión junto a Earle que mucho debe en cuanto inspiración a ese gran bluesman que fue Lightnin’ Hopkins. Malas noticias a mi izquierda / Malas noticias a mi derecha / Malas noticias en mi mañana / Malas noticias de noche / En mi refrigerador / Malas noticias en mi fregadero / En mi mecanográfica / Malas noticias en mi trago / Malas noticias en los muros / Por todo el piso / En la sala / Tocando la puerta”, canta en ésta con desazón y suspicacia.

Otros tracks de Good Souls Better Angels que destacan lo mismo por la potencia de su letra que por la contundencia de su instrumentación son la lastimera “Man Without a Soul”, la nostálgica “Big Black Train”, la dramática “Pray the Devil Back to Hell”, la resignada “When the Way Gets Dark”, la cruda “Bone of Contention” y la rabiosa “Down Past the Bottom”. En general, un disco que roza la perfección de Car Wheels on A Gravel Road.

Por su parte, en tanto Lucinda interpreta en vivo y acompañada solo de su guitarra un par de su nuevo álbum, Earle hace lo propio, incluyendo entre sus entregas ésa de nombre “It’s About Blood”, de la que recuerda que la serie de nombres que recita hacia el final los recogió del Muro del recuerdo de Vietnam en Washington. Luego de su interpretación, Lucinda, con una candidez que pocas veces asoma en sus canciones, lo mira y le dice: “Me conmoviste. Me llevaste a las lágrimas, Steve”.

Vale sobremanera la pena escuchar a estos dos conversando cálidamente y ofreciendo con espontaneidad tonadas de sus repertorios en ese clip que dura algo así como media hora y que cierra con una versión de una original de Woody Guthrie sobre los deportados en Estados Unidos, de la cual Earle expresa: “es más relevante que nunca”. Sí, vale la pena escuchar a Lucinda Williams y Steve Earle en este clip producido por The New Yorker, pero más que nada vale profundizar en la obra esplendente de dos de los juglares más inspirados y talentosos de la canción norteamericana de hoy.

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