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Clásicos instantáneos

El folk barroco de Bright Eyes

Enrique Blanc

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En los primeros acordes de “Dance and Sing”, la segunda canción de Down in the Weeds, Where the World Once Was, el nuevo álbum de Bright Eyes, un piano, una guitarra y una batería parecen ponerse de acuerdo para dar inicio a la canción, entrar en calor antes de acoplarse juntos en una misma melodía. De pronto, la voz de Connor Oberst acomete con una primera frase: “Got to keep on going like it ain’t the end… (Tienes que seguir adelante como si no fuera el fin…). Frase que el cantante ha declarado que con ella quería abrir el que viene a ser su undécimo trabajo discográfico, el que de paso pone término a nueve años de inactividad para el grupo que complementan Mike Mogis y Nate Walcott.

Catorce canciones incluye este nuevo manojo surgido de la imaginación de quien es reconocido en el ámbito del rock y la música folk estadounidense como uno de los compositores más prolíficos e inquietos de las últimas dos décadas. Uno que gusta de reinventarse, asociándose con distintos colegas, tal como lo hiciese en 2004 junto a Mogis, el guitarrista y cantante Matt Ward y Jim James —el vocalista de My Morning Jacket— bajo el nombre Monsters of Folk; o como lo demostró el año pasado dando vida al dúo Better Oblivion Community Center junto a la talentosa Phoebe Bridgers. O bien, hacerlo desde un trabajo mucho más solitario y personal, produciendo al margen de todo lo ya considerado, discos con su nombre de pila.

Down in the Weeds, Where the World Once Was es de nueva cuenta el pretexto para Oberst y compinches de, partiendo de sonoridades marcadas por la sencillez acústica del folk, crear melodías que se sofistican en la mezcla de recursos impensados, identificándose con lo hecho por ese otro ambicioso y habilidoso compositor de nombre Sufjan Stevens. En ese sentido, Down in the Weeds, Where the World Once Was es el álbum que más correspondencias parece tener con el pop barroco de Illinois, esa obra tremenda de Stevens. ¿Son acaso estos dos cuarentones las dos mentes más lúcidas de su generación?

“Nosotros siempre comenzamos con una locura de collage sonoro como introducción en todos nuestros álbumes” ha dicho Oberst refiriéndose a “Pageturners Rag”, la pieza que abre Down in the Weeds, Where the World Once Was. Una suerte de instalación sonora que parte de la grabación de la atmósfera del Pageturners Lounge, el bar de Omaha, Nebraska, del que Oberst es co-propietario. En ésta podemos escuchar las voz de Corina Figueroa Escamilla, la ex-esposa de Oberst. “Siempre pienso en ello como en un golpear en la puerta (…) Es un portal por el que tienes que pasar…”, puntualiza el músico.

“Just Once In The World”, la tercera en orden del nuevo material de Bright Eyes, obedece a esa misma compulsión por fluctuar entre un sonido más orgánico y otro que se torna complejo y más cercano al rock o a lo orquestal, de cierto modo evocando la bifuración que la musicalidad de Oberst asumió en 2005 al lanzar simultáneamente un álbum de carácter bucólico (I’m Wide Awake, It’s Morning) y uno de rock electrónico (Digital Ash In A Digital Urn).

En muchos sentidos, Down in the Weeds, Where the World Once Was es un disco plagado de sorpresas que van más allá de, por ejemplo, reconocer el nombre de Flea de The Red Hot Chili Peppers como responsable de algunos bajos. Especialmente, son todos esos recovecos de calibrada ingeniería musical que refrendan la imaginación con la que Oberst gusta arreglar sus piezas. Para muestra, “One and Done”, una composición en la que su voz parece sostenerse de puntitas sobre superficies que tienen más que ver con la electrónica, ligadas a otras que son producto de un ensamble de cuerdas. Una sinfonía pop de sofisticada belleza en la que todo parece tener cabida, tal como en la abierta paleta de recursos de la que los tres integrantes de Bright Eyes echan mano en complicidad.

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