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Björk: incurable excéntrica, notable vanguardista
Música

Luego de la salida del más reciente disco de Björk, llegan al mercado materiales que se desprenden del mismo.

 
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No seré yo el miope que cometa el atrevimiento de cuestionar el peso de la islandesa Björk Guðmundsdóttir en el horizonte de la música contemporánea. Sus detractores a menudo aluden a las distintas formas de expresión en las que ella se mueve: al tono dramático con que reviste sus canciones, su carácter experimental y su ambición desbordada que la ha distanciado de su sonido más accesible, es decir el de sus días al lado de The Sugarcubes o bien el de sus primeros discos, estupendos asimismo, que hizo como solista. Pero a su favor está el desarrollo que ha tenido como compositora y que obedece a una idea muy clara de no repetirse y buscar los extremos de un estilo que ha sabido ramificarse a través de distintas personalidades, todas ellas perturbadoras, argumentos a favor de una imaginación ilimitada.

No es de extrañarse pues, que tal como sucedió en 2001 con Vespertine o en 2007 con Volta, el álbum que Björk entregó en 2015, el excelso Vulnicura, haya figurado en los primeros casilleros de la gran mayoría de recuentos de lo mejor de tal año hechos por publicaciones especializadas. Así sucedió al menos con la lista de la revista británica Uncut o el portal estadounidense Pitchfork, que lo ubicaron respectivamente en los lugares 11 y 15 de sus recapitulaciones.

Vulnicura fue otro enorme pretexto para desplegar el músculo musical de una Björk que ha exhibido en sus últimos trabajos una querencia tanto a instrumentaciones orquestales, a los recursos que posibilita la electrónica, así como a aquello que surge de la combinatoria de ambos. Al igual que la duración de sus canciones que pueden ir de los dos minutos y segundos de “History of Touches” a los diez y fracción de “Black Lake”, todo lo que emprende la menudita resulta inclasificable y está siempre movido por una insaciable búsqueda de reinvención. Uno de los aspectos más interesantes de Vulnicura fue el crédito de participación del productor caraqueño Alejandro Ghersi, mejor conocido como Arca, quien a su estilo diseñó una serie de sofisticadas texturas sonoras, las mismas que hacen de Vulnicura un álbum vanguardista y excéntrico a la vez. Otro aspecto también importante del mismo es la presencia de Antony Hegarty, el cantante inglés de inconfundible voz que ya había colaborado con ella en el pasado.

 

Mutaciones

Lo interesante de la manera en que Björk suele moverse en el intrincado mundo de la industria musical contemporánea es que una vez que su nuevo álbum ha visto la luz, una serie de procesos surgen, a través de los cuales el disco en turno irá teniendo distintas mutaciones. Así lo ha hecho con la mayoría de sus trabajos anteriores y de nueva cuenta con Vulnicura al que ha reproducido no sólo en directo, sino a su vez a través de una serie de remezclas hechas por productores de su elección; y, por si todo ello no fuera suficiente, filtrado en versiones arropadas íntegramente por cuerdas, es decir completamente acústicas.

 

Vulnicura Live  es el disco doble con la relectura completa de su material más reciente y algunos de sus éxitos como “Wanderlust” de Volta y “Mutual Core” de Biophilia. Tres son los EP’s que Björk editó con reversiones hechas por figuras del ámbito de la música electrónica como Katie Gately, Rabit Naked y Bloom, quien por cierto lleva la magnánima “Black Lake” a un remix de tan sólo tres minutos. También salió al mercado Vulnicura Strings, en el cual además del acompañamiento de la sección de cuerdas, ella incorporó una viola organista, instrumento diseñado por Leonardo Da Vinci en el siglo 15 que se materializó hasta 2015, en una más de sus inesperadas  y características excentricidades.

 

Enrique Blanc

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