cronicas

Código del impreso: O40
Sueños de taxis
Crónicas del Ocio
 
Por  OCIO

Creo que ver que el conductor usaba el taxímetro debió darme un indicio de que estaba soñado, y que fuera una chica con prominentes cualidades al frente de su persona también. Parecía mitad de la noche y estaba en el asiento trasero, no recuerdo si le dije a dónde iba, porque la verdad ni siquiera yo sabía. A mi lado había un gran danés sentado sobre su trasero y no paraba de hablar, parece que tenía una opinión para todo. El taxi tenía vista panorámica porque el piso del auto se estaba deshaciendo como si le cayera algún acido, al menos verifiqué el pavimento uniforme del camino. Inesperadamente un tráiler se cruzó al frente y la conductora tuvo que frenar repentina, me estrellé con el asiento delantero y creo que me rompí un diente. La chica se salió para discutir con el imprudente gorila que conducía la máquina que casi nos destroza. Me puse los audífonos para distraerme y no salir gritando como el danés que destrozaba los tímpanos con sus ladridos, y a ritmo de Passion Pit parece que los conductores y los curiosos bailaban en una disco con las luces de la calle como reflectores. El gorila saltó sobre el cofre del taxi y removió el techo con sus manos, dejándome una vista estrellada a cambio. No tuve otro remedio que salir corriendo, pero no podría dejar a la conductora indefensa. No encontraba algo a la mano para pelear contra el peludo enemigo, así que me aventé sin pensarlo con la intención de distraerlo mientras alguien hacía algo. Colgado de su cuello gritando como gallo en madrugada la gente me vitoreaba y la chica me miraba asustada. El gorila me movió al frente y me bajó, me dijo “respeto a un hombre que defiende a su chica”, se subió a su auto y se fue, mientras la taxista me gritaba “no necesito que me defiendan” y el danés me mordía la pierna.

 

Freddy Krueger

 

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