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La carretera 62 de Peter Case

El cantautor norteamericano regresa a la escena con un nuevo material discográfico que alude a Dylan

 
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Me he encontrado con el nuevo álbum de Peter Case. ¿Quién es Peter Case? Uno de tantos compositores, singer-songwriters como se les suele llamar, de bajo perfil, dedicados al oficio de hacer canción sin demasiados aspavientos ni una necesidad desmedida por triunfar y montarse en ese tren desbocado que muchas veces es el estrellato.

¿Qué cuándo lo escuché por vez primera? Fue hace años, a finales de los ochenta, mientras pasaba una de tantas temporadas en Los Ángeles. Me topé con la reseña de su álbum The Man with the Blue postmodern fragmented neo-traditionalist Guitar, ¡vaya título!, escrita por quien más tarde sería mi maestro, el erudito Robert Hillburn, entonces editor en jefe de la sección de cultura y espectáculos del Times. Su hallazgo me disparó, como era común en ese entonces, una urgencia incontrolable que me condujo hasta aquella sucursal de la maravillosa Rhino Records en el poblado universitario de Claremont, donde el escritor David Foster Wallace impartía cátedra antes de cometer el arrebato de suicidarse.

Hillburn no mentía, el álbum era un clásico. Contenía diez canciones, todas ellas tremendas. Abría con “Charlie James”, la confesión de alguien que huye del personaje que lleva ese nombre, quien le persigue con la consigna de hacerse justicia por mano propia, como se acostumbraba en el old west, territorio al que evoca su insistente armónica. “Si ves a Charlie James”, reza una de sus versos, “por favor no le digas cual camino me viste tomar.” La siguiente canción alude a un arma: “Put Down The Gun”, nos transporta a una atmósfera que sugiere el siglo XIX estadounidense, pero que de cualquier manera nos encara con un presente violento. Y la tercera, la narrativa “Entella Hotel”, es el relato de un hombre que desemboca de medianoche, tras apearse de un autobús de la línea Greyhound, en un pueblo vecinal en el que la atracción principal es un burdel de nombre El jardín de las delicias terrenales, “donde la chicas se ponen nombres como Lula, Stella o Nicole”. El álbum ofrecía además una serie de contribuciones de varios de los músicos angelinos más dotados: David Hidalgo, Ry Cooder, T Bone Burnett y Benmont Tench, el tecladista de The Heartbreakers de Tom Petty.

No falté a la siguiente presentación de Case en McCabe’s, ese local de venta de guitarras en Santa Mónica, que cuenta con un pequeño foro ideal para recitales de aire intimista. Fue allí donde reiteré su interés por comunicar y contar historias con la guitarra más que nada.

Seguí la carrera de Case. Me hice de su siguiente álbum, el mucho más producido Six Pack of Love, calibrado por la manos de Mitchell Froom y Tchad Blake —los mismo que junto a Hidalgo y Louie Perez Jr. montaban aquel grupo excelso llamado The Latin Playboys—. Pero posteriormente, quizá porque sus discos eran lanzamientos de discográficas modestas, luego de su paso por Geffen Records, lo perdí de vista.

Es ahora que vuelvo a saber de él con un disco que, en su título, Hwy 62, alude al Higway 61 Revisited de Dylan. En éste, Case retoma tanto su vertiente acústica y llana, como la más divertida y picada de humor. Con la primera, la de domina el álbum, pueden relacionarse las baladas “Waiting On A Plane” y “Water From The Stone” y la nostálgica “The Long Good Time”; con la segunda “If I Go Crazy” y “All Dressed Up (For A Trial)”.

 

Ahora, en la foto de su tapa, Case luce una barba entrecana y abundante, y lleva unas gafas oscuras sobre el rostro. No obstante, pese a que sus ojos no llegan a asomar, él parece lanzar una mirada remota al horizonte, como si recordara otros días más salvajes y extremos, de tonadas igualmente memorables, con la sabiduría que da el tiempo y el gusto que trae habitualmente recordarlos.

 

Enrique Blanc

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