cronicas

Código del impreso: O40
Exorcizar a la muerte con palabras
Ociosidades
 
Por  OCIO

En estos días he vuelto a tomar de a poco el gusto por escribir. Sobre todo me he enfocado a escribirle a la muerte. Me gusta dejarla encerrada entre palabras y una vez ahí colorearla con figuras literarias metaforizando su manto al compararlo con el mar o tal vez ironizarla haciendo  más llevadera su siniestra sonrisa. Lo importante es sentirla de cerquita como a una amiga a la cual podemos tutear sin que se ofenda.

Es por eso que me gusta pensar en ella como un elemento más del lenguaje que ha inspirado la imaginación del mundo, más que una simple recolectora que nos obliga a ponernos serios en los funerales. Lugares en donde por cierto, nunca he sabido cómo comportarme. Sería grato que existiera un manual detallado de convenciones sociales, que de manera clara y con algunos gráficos nos explicaran el actuar en los rituales fúnebres para no tener que llegar a dar palabras que nadie entiende a los deudos y después hacer lo posible por desaparecer.

Ya estoy en edad en donde este tipo de eventos nunca faltan, uno ve cómo su generación se va perdiendo, cómo te vas aislando, de pronto te encuentras sin nadie con quien conversar o a quien hablarle e invitarle una cerveza. Y sólo te queda una tumba para ir a derramarle un poco de licor en Día de Muertos, nada más.

Justo ayer asistí a un funeral, era un compañero de la preparatoria, tenía años sin saber de él. De pronto me llegó una esquela diciendo que fulanito estaba muerto y a pesar de no sentir un afecto especial por la persona, fui al velorio, creo que el principal motivo es que no tenía nada más que hacer. Al llegar me comentaron algunos conocidos que el sujeto en cuestión se había lanzado desde un tercer piso, es curioso verlo en su ataúd tan tranquilo y saber que los últimos momentos de su vida los pasó en un rápido viaje de un tercer piso hacía la acera. Imaginar qué habría pasado si yo lo hubiera hecho desde un piso 16, cómo habría quedado mi cara o la acera, qué pensarían las personas a las que salpicaría con mis restos, cuánta gente asistiría a mi funeral, ¿me levantarían con espátula o pondrían una urna vacía y dejarían que las manguera de presión guiara mis restos a la alcantarilla? Mejor salí de ahí y sin más me vine a casa a a escribir.

 Sr. Gutiérrez

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