cronicas

OCIO | La guía para vivir la ciudad
Código del impreso: O40
Oso de peluche
Ociosidades
 
Por 

Ya llevaba más de una hora escuchando su plática y estaba harto. No sé si quería ligarme o es que nadie le había prestado atención en su vida. Si era lo primero, estaba muy perdido. No quería escuchar más sobre su familia, su perro, su trabajo, sus compras, pero ni siquiera me daba un momento para interrumpir. Caminamos rumbo a una tienda, mi idea era comprar algo de comer para mantenerlo callado y provocar la graciosa huida. A cada paso una anécdota diferente surgía, si bostezaba frente a su cara, eso daba para otra experiencia que compartirme. Me acerqué al refrigerador para elegir una bebida, pero algo más llamó mi atención, la plática se escuchaba como eco lejano mientras abría la puerta. Era como un oso de peluche que alguien olvidó adentro. El peluche se veía sucio y viejo, pero olía como a cerezas recién cortadas. “¿Qué es? ¿Es tuyo?”, preguntó mi amigo y de pronto su conversación se pausó mientras me acompañó a la caja registradora. “Disculpa, alguien olvidó esto”, le dije a la chica en el mostrador. “Oh no, ¿qué has hecho?”. Enseguida el aroma a cereza inundó el lugar hasta ahogarnos un poco y el oso cobró vida, enormes colmillos salieron de su boca y apuntó justo a la yugular del platicador. Me quedé helado, si le ayudaba sería un héroe, si lo dejaba, ya no lo escucharía jamás. Pensé unos segundos mientras el resto de los empleados y clientes corrían despavoridos. Di una patada al oso y salió volando hasta un estante con verduras. A manzanazos lo mandé al más allá. Mi amigo se recupera lento, y ahora cargo el oso a donde quiera, con un bosal por si se le ocurre contar su versión de la historia.

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