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OCIO | La guía para vivir la ciudad
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El libro y su tradición

MARATÓN DE LECTURA POR EL DÍA MUNDIAL DEL LIBRO.

Rambla Cataluña, andador Escorza. A un costado del Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

10:00 a 21:00 h.

 

 
Por  OCIO

La leyenda de San Jorge, el patrono de Cataluña, cuenta que rescató a una princesa de las garras de un dragón antes de ser sacrificada. De la sangre de esta criatura despiadada surgió una rosa que el santo entregó a la princesa. Esta leyenda originó la costumbre medieval de visitar su capilla el 23 de abril para realizar una feria de rosas a la cual asistían los enamorados. Desde 1929, este día se instituyó en la zona como día del libro por tratarse del día en que murieron William Shakespeare, Miguel de Cervantes y el Inca Garcilaso de la Vega. Así, se mezcló la tradición de la leyenda y un hito en la historia de la Literatura Universal. Los hombres regalan desde entonces rosas y las mujeres les corresponden con un libro.

En 1995, la UNESCO institucionalizó el día con el propósito de alentar el placer de la lectura y expandir esta bella tradición de regalar libros y rosas.

Como cada año desde 2002, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se une a esta celebración con un maratón de lectura en distintas sedes en el estado.

 

El rescate del libro antiguo

El escritor norteamericano Kurt Vonnegut describió al libro como “un arreglo de veintiséis símbolos fonéticos, diez numerales, y alrededor de ocho signos de puntuación, y las personas pueden pasarles los ojos por encima y visualizar la erupción del Vesubio o la Batalla de Waterloo”. En muchas formas, un libro es sólo eso, un arreglo de diferentes símbolos que crean diferentes mundos, caracteres que se imprimen en un soporte de papel.

Dicen los historiadores que la época moderna empezó cuando Gutenberg creó la imprenta en 1450 y con ella imprimió la Biblia de 42 líneas. Este hecho de poder imprimir un libro, y no reproducirlo al ser manuscrito, permitió la distribución de información y cultura, justamente los objetivos que tiene el Día Mundial del Libro. Pero lo que Gutenberg realmente inventó no fue la prensa, sino el proceso de hacer tipos móviles, moldes hechos con metal fundido que dejan la impresión de una letra en negativo.

En 1886, un alemán creó un tipo de máquina de escribir en la que no sólo se combinaban estos tipos móviles para crear líneas de texto, sino que también se fundían en una línea de plomo. Estas líneas posteriormente se acomodaban para crear la página. Esta máquina fue llamada linotipo, line of type, y la primera fue utilizada en 1887 para un periódico en Nueva York.

Aquí en Jalisco, tierra literaria por tradición, Impronta Casa Editora es la única editorial que utiliza este tipo de impresión con linotipo. Se trata de un regreso a la forma tradicional de hacer un libro impreso, en el cual se teclea cada una de sus letras, se arman las líneas y se acomodan manualmente para imprimir. Este proceso lleva mucho más tiempo que una impresión digital o en offset, ya que hace hincapié en el paso intermedio entre la impresión y el producto final: revisar las páginas para ver que estén bien conformadas y acomodadas, y si no lo están, reacomodar y arreglar manualmente las líneas del texto. El hecho de tener tipos móviles que se funden y crean un producto final que empieza como una pequeña pieza nos recuerda a esa esencia del libro conformado por caracteres que contienen mundos. Y el cuidado extremo que conlleva la impresión de los libros antiguos recupera el libro como un objeto de valor, que es valioso no sólo por su contenido, sino también por su soporte y el trabajo que se le dedicó.

La historia de Impronta se ha permeado gracias a este valor de recuperación. No sólo buscan recuperar el libro tradicional, sino que la editorial surge por esta misma misión de rescate: “Trabajaba en una imprenta por San Felipe, en una ocasión pasó el señor Orozco y me preguntó por la máquina porque le llamó la atención. Y fue cuando le dije que la máquina estaba en venta. Lo que querían los dueños era desocupar el espacio donde estaba porque ya no era negocio. Ya casi ni me presentaba a trabajar. En ese tiempo, uno de los allegados del taller me dijo que ya la iban a echar al kilo y ahí fue cuando hablé de emergencia para que se pusieran las pilas porque si no la máquina ya la iban a desintegrar. Así que ahí fue cuando afortunadamente ellos la salvaron”, dijo Don Rafa, el linotipista de Impronta, quien se interesó en el oficio desde niño y aprendió en diferentes talleres.

Reconocer el valor en algo que los demás ven como obsoleto es algo que subyace en este retorno del libro. Don Rafa, junto con Alexia Halteman –editora– y José Clemente Orozco Farías –ilustrador e impresor– se han desempeñado como rescatistas de esta tradición que para muchos ya quedó en el pasado. Pero no sólo quieren rescatarla por nostalgia, sino que los productos también resultan una especie de rescate por sí mismos: “Estos libros son para coleccionistas, para personas que realmente puedan ver el arte del libro. Ya están notando las diferencias entre los dos tipos de libros. Por ejemplo, la presión no se puede reproducir en otra técnica. La impresión dura por años, 100, 200, hasta 500 años. En cambio lo digital o el offset, ése se borra con el tiempo. La prueba: pon un libro en offset al sol una semana y los colores se desvanecen. Un libro de estos, dos semanas al sol y resiste tanto la impresión como el papel”, dijo Clemente.

El proceso también lleva consigo una especie de armonía. Las líneas de metal se vuelven a fundir después de la impresión para hacer nuevos tipos y líneas. Todo nuestro lenguaje se conforma de palabras que ya han dicho otros, las mismas palabras crean infinidad de libros. Aquí, literalmente, las palabras se funden para hacer otras y las partes de un libro dan lugar a otro. “Entonces, para reimprimir un libro, es básicamente volverlo a hacer. No se puede guardar como en una computadora, que sólo le pones imprimir”, dice Alexia.

Pero por ahora no se preocupan por reimpresiones, ya que abrieron sus puertas apenas el diciembre pasado. Hasta la fecha, han formado tres colecciones: una general, donde se encuentra Bisel de Julián Herbert, el primer libro que imprimieron; Primeras causas, de escritores jóvenes que no han publicado mucho, en la que se encuentra El show de los muertos de Enrique Carlos; y Cuadernos de rescate, que contiene a Caminar de Henry David Thoreau, que incluye títulos antiguos más difíciles de conseguir.

 

Sus próximas publicaciones incluyen a los autores Sebastián Goyeneche, Luigi Amara y Miguel Ángel Maldonado. También en sus planes destaca la creación de talleres para aprendices del oficio y la búsqueda de manuscritos en la Biblioteca Palafoxiana y reeditarlos, rescatarlos en el sentido de darles un nuevo contexto.

 

Datos extra:

-Su máquina más antigua es de 1880-90 y le llaman “costurera”, porque funciona con un pedal.

-La máquina que rescataron del fierro viejo es de después de la Segunda Guerra Mundial.

-La suscripción a la producción anual, entre 3 a 5 libros, cuesta 2000 pesos.

-Impronta es taller, editora, librería y cafetería.

 

Gabriela Muñoz

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