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Columna

OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
Entre las muchas cosas que había leído sobre El árbol de la vida, el más reciente filme de Terrence Malick, hubo una que me llamó la atención de manera particular. Bajándose del carro completo en el que muchos se apiñaban ponderándola como un bello clásico instantáneo, Jordi Soler sentencia “digan lo que digan los críticos, El árbol de la vida es pretenciosa y ridícula”. Pareciera que más que la película, lo que le molesta es la opinión de los críticos, o los críticos mismos. No le gusta que a muchos nos guste.
Vie, 11/11/2011
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
La noche Caifán. Una postal. Con esa me quedo. Marcovich arrancándole notas a su guitarra, esas mismas sin las que Caifanes no sería Caifanes, con el rostro pétreo, la mirada dura dirigida a la audiencia, como preguntándoles: “¿A quién vinieron a ver, cabrones?”.
Vie, 21/10/2011
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
Razones para la tristeza abundan en todo momento. Variopintas, incontestables. Surgen de todo ámbito. Ya les compartía hace poco que Sergi Pamiès decía que era de mal gusto la felicidad plena. La tristeza, entonces, si uno tiene dos dedos de conciencia, es, por lo menos, obligada. Es apropiado e inevitable sentirla a la vista de tantas, muy importantes y trascendentales cosas. Sin embargo, hoy muchos tenemos derecho a ella, a la tristeza más profunda, al más elemental sentimiento de pérdida, por algo que a otros tantos, muchos más quizá, les parezca banal.
Jue, 22/09/2011
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
1. Javier Sicilia, un poeta, transido de dolor por la pérdida violenta, absurda, inexplicable de un hijo, convoca a marchar. Lo acompañan miles de mexicanos, hartos, cansados de sentir miedo. No para pedir por la paz, quimera inalcanzable para el México que habitamos hoy día, sino para exigir renuncias. A muchos. A todos, quizá. El gobierno encabezado por Felipe Calderón optó, en algún momento, por responder con más violencia a la barbarie de los cárteles del narco. Corto de miras, don Felipe no visualizó lo que se venía.
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
1. Hace poco escribí sobre la inminencia, de cómo el futbol, a veces, no es más que eso. Inminencia pura, y nada más. No por ello, claro, deja de ser potencialmente hermoso, disfrutable. No somos, hay que decirlo, los aficionados al futbol, los más pacientes, los que mejor habitamos esa inminencia, incómoda muchas veces, pero que forja a los mejores. Hace tiempo escuché a un amante del toreo que idolatraba a Manolo Martínez, matador de arte sublime pero, decían, temperamental, y por ello de repente bastante tacaño para ofrendarlo.
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
La gente inteligente no es la que no comete errores, sino la que suele aprender de ellos. José Mourinho, nadie lo duda, es muy inteligente.
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
1.- Fresán escribió, hace poco, algo sobre los conciertos. Sostiene, y no le falta razón, que llega uno a la edad en que todo lo que pasa entre que sabemos que vamos a ir a uno ansiosamente anticipado y el momento en que suena la primera nota, es mucho mejor que lo que sobreviene después. Desesperamos porque empiece, y una vez comenzado no vemos la hora de que termine, aun cuando eso, lo que suceda, no deje de tener todos los elementos de lo memorable.
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
1. “Rebosar de felicidad me parece de muy mal gusto”. Así titula una entrevista con el escritor catalán (y además español, aunque le pese un
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
1. Es tiempo de colapsos. Los hay religiosos, económicos, éticos, morales, emocionales, políticos. Colapsan, por ejemplo, las dictaduras árabes, solapadas todas por las lustrosas democracias occidentales, a cambio del siempre necesario y sí, dictatorial petróleo. Solapamiento y complicidad que será muy difícil de explicar, si es que, algo muy dudoso, se les antoja explicar algo. Colapsó un país admirable y ejemplar como pocos.
OCIO | La guía para vivir la ciudad
Anónimo
1. Debe ser muy extraño cambiar de camiseta a media vida. Ser fan incondicional de un equipo y toparse de repente con la circunstancia de que va a desaparecer y que tiene uno que encontrarle nuevo destinatario a la pasión futbolera, esa que, lo sabemos quienes la vivimos y poco entienden quienes no están contagiados, es muy particular. No se parece a ninguna otra. Pocas, en verdad muy pocas, tan indelebles, tan imperecederas, tan intensas. Don Paco Carrillo, a quien conocí, quise e incluso algo le combatí, lo vivió en carne propia.

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