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OCIO | La guía para vivir la ciudad
En Guadalajara fue…

Ahora que la FIM provocó un encuentro de los sobreviviente de El Personal, y rinde homenaje a su fallecido vocalista, Julio Haro, y a toda la banda; retomamos un reportaje que publicamos por los 20 años de la publicación de su disco No me hallo

 
Por  OCIO

Los orígenes. Julio Haro empezó a cantar temas de la nueva trova cubana, pero con la letra cambiada. Así salió El Personal del cascarón. “Muchas veces te dije que antes de hacerlo había que lavártelo bien”. Entonaba, refiriéndose a “Para vivir”, original de Pablo Milanés. “Mi uniforme azul, ayer se me perdió”. Obviamente, en homenaje a “Mi unicornio azul”, de Silvio Rodríguez. Él y Andrés Haro volvían a Guadalajara, luego de un viaje relámpago a DF. Era el verano de 1987. “Estábamos arriba de un Datsun que yo tenía. Por lo regular yo cargaba una guitarra, y Julio así se siguió, rascándola y cantando esas y otras frases, incluso de su inspiración”, recuerda Andrés. Sin pensarlo, le sugirió a Julio que hicieran algo, “así nomás pa’ divertirnos entre nosotros. Yo tenía un pequeño estudio, y un buen día nos metimos a componer canciones y a grabarlas. Esa primera etapa fue muy prolífica, muy importante y absolutamente definitoria, para lo que después vendría”, agrega el propio Andrés, a quien todos conocen como el Boy y que por cierto no tiene ningún lazo familiar con Julio.

Los Haro, en aquella austera sesión de grabación, dejaron listas canciones como “Dale de comer al conejito”, “El último camión”, “Center fold blues” y “Broche de oro”, que después serían retomadas en la realización de su ópera prima. “Hicimos más, pero esas fueron las seleccionadas para grabarlas en un caset, que únicamente rolaría entre los cuates. Esa era nuestra intención”.  Nunca pensaron que la cinta llegaría hasta la ciudad de México, a manos de Rogelio Villarreal, actual editor de la revista Replicante. “En aquel entonces él editaba La Pus Moderna, y también regenteaba un bar, El 9, considerado, en ese momento, la catedral del rock mexicano. Nosotros tocábamos cumbias, y no le veíamos mucho caso presentarnos ahí, pero Rogelio nos convenció, aunque faltaba un pequeño detalle: la banda. En el caset, yo grabé guitarra, bajo, teclados y programé la batería, y en vivo no podía con todo. Así que debimos invitar a unos amigos”, explica el Boy.

El Personal definitivo

Las modificaciones fueron necesarias porque algunos de los músicos invitados a los primeros shows no tomaron al grupo como una ocupación de tiempo completo. Los Haro, Óscar y Alejandro como elementos formales de El Personal, sabían que hacía falta algo. Al presentarse en la segunda edición de la FIL —un mes después del debut en directo—, en la antigua explanada (ahora Foro Expo), el grupo fue visto por Alfredo Sánchez, quien entonces era un trovador solista. “Los escuché y dije ‘que feo tocan estos cuates’, pero a la vez me llamaron la atención sus canciones, por singulares, por chistosas. Ya nos conocíamos de tiempo atrás, nos saludamos y así quedó la cosa, hasta que un día Andrés me dejó un recado en casa. Me invitaba a tocar con ellos por única ocasión en la Peña Cuicacalli. Le dije que sí, ensayamos, me aprendí las canciones, tocamos y nos despedimos, porque el trato era por ese día, pero después yo les dije que si querían, me quedaba. Y así fue. Eso sucedió en la primera parte de 1988”, recopila Alfredo. El quinteto definitivo, el que después grabó No me hallo, quedó cerrado durante un concierto en el Instituto Cultural Cabañas. Gerardo Enciso era el estelar y su baterista era Pedro Fernández, quien al escuchar a El Personal pidió permiso de tomar los tambores e improvisar. “La verdad dijimos ‘éste sí es un baterista’, y con toda la pena le dimos las gracias a Alejandro”, agrega Sánchez. Así fue como el quinteto Haro-Haro-Sánchez-Ortiz-Fernández estaba listo para lo siguiente.

Planes de disco

A pesar de que el quinteto estaba firme Y comprometido con seguir haciendo música y conciertos, los planes de grabar un disco no estaban claros, simplemente porque esa no era la fi nalidad de El Personal. Así pintaba el asunto, hasta que llegó una chica llamada Vicky Macedo, amiga de Julio. “Era una mujer de dinero, interesada en los negocios, que sin más ni más nos propuso hacer un disco. Según nos decía iba a fundar una disquera para grabar a más músicos, y así lo hizo”, menciona Sánchez. Macedo, al frente de Discos Caracol, concedió el efectivo para que la agrupación entrara al estudio, pero antes de que eso sucediera, se habló de dinero, y no todos estaban contentos con las decisiones que ella tomaba. “La trascendencia en la historia estaba asegurada, pero en ese momento lo importante era la lana. Julio estuvo de acuerdo con el plan de Vicky, pero Pedro y yo no. Sin dar demasiadas explicaciones, los dos nos fuimos del grupo y creamos El Elemento Gacho. Así nos decía Julio porque los habíamos abandonado. Los tres ofrecieron un  concierto en el Patio de los Naranjos, del Cabañas, y Julio, sobre todo, se dio cuenta que no podía hacer un disco sin nosotros. Pocos días después se dio la reconciliación. Luego invitamos a Paco Navarrete para que medio le entrara a la producción del disco, para que aportara ideas, porque en verdad siempre ha tenido mucho tino para eso”, relata Andrés.

En el estudio

Luego de rebasar los contratiempos, El Personal estaba listo para entrar al estudio Midi, propiedad de Sergio Naranjo e ingeniero del álbum. El quinteto la pasó bastante bien grabando los ocho temas que finalmente ingresaron a la lista de No me hallo. “Creo que eran las que mejor nos salían, aunque también por cuestiones de espacio de los viejos acetatos —40 y tantos minutos era su máxima  capacidad—, fue imposible meter más canciones”, advierte Alfredo.

“De lo que más me acuerdo de las sesiones de grabación, es de lo suertudo que me sentía por tocar junto con gruesos como Alfredo Sánchez y Pedro Fernández. Entonces como ahora, sabía tocar muy poco la guitarra, y en un receso, Alfredo empezó a tocar ‘Love in vain, la versión de los Rolling Stones. Me quedé con la boca abierta, así de ingenuo era [risas]. De volada le pedí que me la enseñara y me dijo que sí, pero que tenía que pasarle una feria. Después de regatear un poco llegamos a un acuerdo. Hasta la fecha es la única canción que me sale más o menos decente. Por cierto, todavía no le acabo de pagar a Alfredo. Se cotiza caro el maestro”, menciona Óscar Ortiz, y luego añade otro detalle, bastante curioso: “Resulta que el inge de grabación [Naranjo] se la pasaba diciéndome ‘Jaime’: Ese Jaime, hay que repetir la guitarra. Jaime, ¿cómo va quedando el disco?. Jaime, tráigase unas cocas, no?... Y así durante toda la grabación. Al final le pregunté por qué me llamaba así, y me contestó: ´’¿Pos que no te llamas así?’. No. Me llamo Óscar. Pero si el Boy siempre te dice Jaime. Güey. Me dice Kleine. Así me dicen los cuates. No en balde quedó el disco con esa calidad de grabación”.

A Andrés terminaron sacándolo del estudio porque se la pasaba brincando y gritando de la emoción. “Recuerdo que cuando Alfredo concluyó su solo de guitarra en ‘La tapatía’, hice tanto escándalo, aplaudí y demás, que me pidieron que no volviera. De alguna manera, la cosa era seria, y tampoco teníamos el gran presupuesto para estar meses en el estudio”. Aceptó porque además sabía muy bien que Julio no lo quería tan cerca a la hora de grabar la voz. “Yo lo chingaba. Le pedía más, que cantara cada vez mejor, y a veces lo enfadaba. Grabé el bajo en dos días y adiós”. La mejor postal, la que guarda intacta, corresponde a la imagen de Pedro Fernández. “Era un virtuoso, era un gran músico. Le daba al jazz y además tocaba el violín”. Así lo dibuja Andrés, y dice que a la hora de entrar de grabar, “no pudo hacerlo con su batería de siempre. Las características del equipo en el estudio no eran las óptimas para grabar con la calidad debida una batería. Tuvo que hacerlo tocando, con baquetas y hasta con los dedos, los pads de una máquina electrónica [la conocida como RX-5]. Se echó todo el disco en un día, e incluso se daba el lujo de repetir la canción desde el principio, hasta que toda la toma le gustara. Él también me emocionaba mucho. Era un chingón”. Y para definir aquella temporada en el estudio, el Boy dice que convencido: “Yo podría decir, sin temor a equivocarme, que en ese equipo de personas y en ese momento hubo sinergia. Y el resultado fue muchísimo más amplio de lo que pudimos haber imaginado”. Alfredo Sánchez sí permaneció durante todo el proceso de grabación, entre octubre y noviembre de 1988, y también, como sus compañeros, dice haberlo disfrutado al máximo. “A pesar de que persistía cierta tensión, porque continuaban las discusiones y después las reconciliaciones, yo la pasé muy bien. Me tocó compartir con Julio los momentos en los que grabó su voz. De repente me pedía opiniones, y le sugería cosas. En ocasiones era duro. De repente se cerraba y nada le gustaba, ni su voz, ni el arreglo, ni la melodía. Levantaba el dedo índice y decía ‘esto es una mierda’. A cambio te hacía reír hasta el cansancio. Era inteligente y bastante ocurrente. De cualquier cosa, él encontraba un chiste, y luego otro y otro”.

La portada

“Alejandro Colunga iba a todos los conciertos que dábamos”, señala Andrés Haro. “Siempre estaba hasta adelante, gritándonos que se quería subir a tocar. ‘Denme chance’, nos decía, pero siempre le decíamos ‘no, flaco, luego, otro día’. Y hasta eso nunca nos guardó rencor. Para nosotros fue un honor que nos prestara esa obra para la portada. No está hecha para el disco. Lo que él nos sugirió fue ‘escojan’, y la verdad quedó como mandado a hacer. Es una litografía que él hizo en Barcelona, y tuvo un tiraje de 100 volúmenes y sólo estuvo disponible allá, en España”.

Primera alineación

Ósca r Ortiz, quien compartía departamento con Julio, “se apuntó sin que nadie lo invitara. Comenzó a chingar con que quería entrar. ¡Y no sabía nada de música! Le fui medio enseñando y se quedó”, aclara Andrés. Alejandro López Portillo (baterista), su hermano Juan Miguel (tecladista, ahora parte de Radiopatías), Carlos Domínguez (bajista), Julio (vocalista) y yo (guitarrista), fue la formación de El Personal que debutó el 6 de noviembre de 1987, pero no en la ciudad de México, sino en Guadalajara, en el auditorio del Instituto Anglo Mexicano. “Se nos hacía mala onda presentarnos primero allá. Después fuimos y por cierto le abrimos a la Maldita Vecindad, y la verdad nos los comimos”, confiesa Haro.

El ahora

Andrés Haro . Fundó el sello Discos Imposibles que a la fecha ha emitido 16 títulos producidos por sí mismo. Tiene cinco álbumes como solista. Es productor. Dice que es un negro disfrazado de blanco. “Antes quería ser Bob Marley y ahora quiero ser Prince”.

Alfredo Sánchez. Actualmente es tecladista de Forseps, la banda de José Fors. Recién concluyó su participación instrumental en el proyecto Frankenstein, una ópera rock también encabezada por Fors. Es conductor de Señales de humo en Radio UdeG y colabora en varios medios impresos.

Óscar Ortiz . “Soy profesor de inglés para TOEFL e IELTS y Business English en la Handswerkkammerbildungszentrum en Münster, Alemania. La mayoría de mis alumnos son alumnas de entre 20 y 25 años que estudian diseño de modas, y que se quieren ir a Londres a especializar. Mucho forro. Se sufre bastante, sobre todo en verano.”

La presentación

No me hallo fue presentado el 16 de junio de 1989 en el Foro de Arte y Cultura. El boleto costó quince mil de los viejos pesos. Del disco se emitieron mil copias y únicamente fueron distribuidas en Guadalajara. “De aquel concierto recuerdo que el sonido fue bueno. Era un lugar ya más grande en comparación a donde solíamos presentarnos, y creo que no se llenó”, rememora Alfredo. También recuerda que después vinieron más conciertos. Uno en el teatro Degollado, dentro de las Fiestas de Octubre de 1989, y sobre todo en la Peña Cuicacalli, sitio al que consideraron como su casa. El grupo nunca salió de Guadalajara, con excepción de aquella tocada en El 9 del DF. “Muchos creen que éramos famosísimos en todo el país, que tocábamos de maravilla, pero no. El chiste del grupo en vivo era el humor, el desparpajo, la diversión. En los conciertos predominaban los amigos, que poco a poco iban invitando a más gente y así sucesivamente”, agrega Sánchez.

El otro Personal

“A mi no me gustaba la idea de retomar El Personal, sin Julio. No me gustaba la onda de reanudarlo así”, asevera Alfredo. Andrés y Óscar sí se subieron al barco, motivados por una invitación desde Madrid, España. “Me llamaron y me dijeron que querían que fuéramos a presentar No me hallo. Yo les comenté que ya no había banda y me dijeron ‘pues arma una’. La cosa es que ellos querían publicar la versión española del álbum, estaban decididos a todo y terminaron por convencerme”, explica Andrés. Él convocó a Daniel Kitroser (batería), Lalo Green (guitarrista), Pilar Reyes (corista) y Lalo Parra (vocalista) para darle forma al segundo tomo de El Personal. Todo esto ocurrió en 1994. Después falleció Parra, también de sida. Guardaron luto lo que restó de ese año, y en 1995 la banda publicó Melodías inmortales, para después emitir un álbum más, en 1997, titulado La última y nos vamos. Esta segunda versión de El Personal ofreció su último concierto en 2001.

La fatalidad

Así se refiere Alfredo Sánchez al siguiente episodio que  desafortunadamente trastocó al grupo. El calendario marcaba los últimos días de octubre de 1989, y El Personal estaba arriba del escenario, en la Cuicacalli, brindando uno de los mejores conciertos de su historia. Alfredo Sánchez así lo vivió. “Además fue muy largo, más de dos horas. Ya habíamos dado dos encores, y la gente pedía otra. Entonces dijimos, ‘una más’, menos Pedro Fernández. Él dijo que ya no podía”. Después fue internado en el hospital, y ya no se recuperó. Pedro creía que tenía algo en el estómago, pero en realidad murió de sida en noviembre de ese mismo año”. El Personal intentó continuar sin la presencia del baterista, pero los resultados nunca les gustaron. Invitaron a otros músicos, se apoyaron en herramientas electrónicas, y nada. El último concierto que Julio, Andrés, Alfredo y Óscar brindaron juntos fue en el ITESO, en febrero de 1990, utilizando una caja de ritmos. Después Julio fue el que se puso mal. Él sabía que era seropositivo, y desgraciadamente cayó en cama, hasta morir el 3 de enero de 1991. “Podría extenderme en elogios a El Personal, lo cual pondría en evidencia mi fanatismo incondicional. Baste con añadir que ahí quedan, para la posteridad, algunas de las grabaciones más representativas de un grupo sui generis que, desde sus múltiples limitaciones, transitó por el insólito camino de la originalidad”, escribió puntualmente Toñimex, amigo cercano del grupo, cantante y actualmente locutor de radio, en el librito que acompaña la edición en compacto de No me hallo.

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